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El Agroturismo como Herramienta para la Protección de la Ruralidad Bogotana

Agrotourism as a Tool For The Protection of Bogotan Rurality

 

Leonardo Castellanos Ramírez 

Corporación Universitaria Unitec

 

Resumen 

Desde la construcción del imaginario territorial que los campesinos y campesinas poseen de su territorio, la vereda Requilina de la localidad de Usme es el escenario estudiado bajo la metodología de los imaginarios sociales en esta investigación, reconociendo específicamente el imaginario territorial que hace parte de las integrantes de la Fundación Ruta Agroturística La Requilina, gestoras sociales del territorio y activistas reconocidas en el escenario público.

 La expansión urbana, problemática presente en la investigación, es el acontecimiento que otorga a la comunidad campesina el objetivo de organizarse para luchar en contra del crecimiento de la ciudad y la afectación que esto genera a la vereda Requilina, desde el reconocimiento de la identidad campesina, la valoración del territorio y el turismo rural como herramienta de lucha para visibilizar la riqueza y las potencialidades del territorio rural. 

 Palabras claves: Imaginarios sociales, identidad, territorio, ruralidad, agroturismo. 

 Abstract

From the construction of the territorial imaginary that peasants have from their territory, the village of Usme is the scenario studied under the methodology of social imaginary in this research, specifically recognizing the territorial imaginary that is part of the members The Route Agrotourism La Requilina Foundation, social managers of the territory and recognized activists in the public arena.

 Urban expansion, a problem in research, is the event that gives the peasant community the objective of organizing to fight against the growth of the city and the affectation that this generates to Requilina, from the recognition of the peasant identity, The valuation of the territory and the rural tourism as a tool of struggle to make visible the wealth and potential of the rural territory.

 Key words: Social imaginary, identity, territory, rurality, agroturism 

 Introducción 

 Bogotá es una de las capitales de Latinoamérica que ha tenido un crecimiento acelerado en los últimos 10 años en relación a capitales del continente suramericano como Lima, Caracas, Sao Paulo, y Santiago, esta relación se ajusta en términos urbanos pero más aún en su densidad demográfica (Galvis, 2014). Resaltando que más del 75% del territorio bogotano es rural, la ciudad ha presentado problemas de ordenamiento territorial que ha generado una disruptiva urbana como la expansión desmedida, la gentrificación del centro histórico, la brecha económica en sectores de la ciudad, violencia en los barrios periféricos a causa de las invasiones y asentamientos ilegales, gran parte de dichas problemáticas debido al éxodo rural por la violencia armada desarrollada en todo el país; sumando a esta situación la motivación del campesino a ser parte del desarrollo económico precipitado de los centros urbanos (Martínez, 2006).

La falta de planeación territorial ha generado un desborde de la ciudad hacia lugares sensibles, donde el abandono gubernamental se refleja en la falta de servicios públicos, en la falta de educación y asistencia para las familias menos favorecidas, desempleo, problemas de salud, que en gran medida auspician la organización de grupos al margen de la ley, minería ilegal y deterioro de los ecosistemas presentes. 

Estos territorios ubicados en la periferia, denominados espacios rururbanos, esa franja que no es ni rural ni urbana y asediada por las tensiones urbanas (Sereno, Santamaría, Santarelli, 2010), imprime dinámicas ajustadas a su propio desarrollo. Cabe resaltar que dichas propiedades de los territorios de franja, jalonan hacia la construcción urbana aportando al crecimiento desmedido del centro poblado o hacia el mantenimiento de la ruralidad jalonado por la ruralidad. 

 Para esta investigación nos ubicaremos en la vereda Requilina de la localidad de Usme, que ya se encuentra catalogada como espacio de expansión urbana, pero que a pesar de su denominación que parte del actual Plan de Ordenamiento Territorial (POT) y el decreto que implementa la ejecución del proyecto Nuevo Usme (decreto 266 de 2003), sus campesinos y campesinas se dieron a la tarea de resignificar su territorio rural desde la identidad propia de la población, de las marcas territoriales que aportan a dicho espacio y desde la apropiación de las prácticas agrícolas para ser visibilizadas.

 Los imaginarios sociales en el campo del turismo

El territorio de la vereda Requilina y de la ruralidad de Usme es en su mayoría agrícola, con pequeñas parcelas usadas para las prácticas pecuarias, pero resaltando la producción diversa de alimentos en las fincas que pertenecen a la vereda Requilina, esto por un motivo especial. Uno de los primeros pasos que emprendieron las campesinas de la vereda Requilina estuvo dirigido hacia el rescate de prácticas agrícolas ancestrales,  la forma de uso de los productos obtenidos de las propias fincas y el aprovechamiento de los espacios verdes para las prácticas campesinas. 

 La iniciativa de rescatar la identidad campesina desde la puesta en marcha de las propias prácticas agrícolas y pecuarias, sumaron gran trascendencia social, debido al factor de mayor importancia para la ruta agroturística,  visualizar la identidad y la importancia para el sector rural de mantener vigentes dichas prácticas. La producción de quinua y alimentos promisorios, la preparación de compostaje y humus aprovechando los desechos orgánicos que salen de sus propias casas, la transformación de lana de oveja en productos como bolsos, bufandas, gorros para el frio, y sobre todo el rescate de la historia campesina de la vereda, aportó a la reconstrucción y resignificación de la identidad campesina. 

 Reconociendo que ha sido el territorio el garante de reconocer la tradición campesina, es el mismo territorio el que ha permitido conservar esa imagen que permanece en la mente de los campesinos, esa construcción mental que se remodela constantemente y que nunca se terminará de construir (Hiernaux, 2002). Desde cada uno de los procesos individuales se transforma hacia la construcción colectiva, donde los imaginarios actúan como fuerzas transversales en el pensamiento colectivo que se proyecta hacia comportamientos sociales (Hiernaux, 2006).

 Esta base constructiva es la que funda la reinterpretación de la identidad campesina, desde las viejas y nuevas interpretaciones que a su vez aportan al arraigo por el territorio, dentro de la memoria del pensamiento sujeto a cambio, pero nunca perecedero (Hiernaux, 2002). Es así como se dan a la tarea de reconstruir la identidad campesina de los habitantes de la vereda Requilina, específicamente de las campesinas que a través del agroturismo imprimen a sus prácticas, procesos que rescatan del imaginario social. 

 Territorio rural, territorio de luchas 

Reconocer que la vereda Requilina aún pervive dentro de su espacio rurubano, es un signo del activismo de las campesinas de la ruta agroturística, que aprovechando los espacios de participación, gestión ciudadana y mesas del POT, logran ubicar el proceso agroturístico en la agenda pública, capturando recursos para la implementación de lo que hoy es la Ruta Agroturística La Requilina, una vitrina que muestra las potencialidades del territorio rural y la identidad campesina de Bogotá.

 Una vereda que rompe las fronteras geográficas desde el imaginario campesino, basado en las relaciones con veredas como el Uval o el mismo Soches, ha configurado un territorio con una dinámica propuesta desde sus habitantes que “vive la contingencia de su propia historia social” (Silva, 1994: 61),  que se sujeta a los agresivos cambios de las líneas imaginarias de frontera urbana y que asume una posición de resistencia ante la transformación territorial. 

 Es por eso que este estudio aborda el territorio desde su construcción social, ese espacio donde los recuerdos históricos y las proyecciones de futuro lo referencian desde lo simbólico de cada uno de sus habitantes (Silva, 1994), eso que viene del imaginario social y que se traslada al espacio recorrido, usado, vivido. 

 Es ese el espacio, donde se permite el desarrollo de prácticas agrícolas acondicionadas para la recepción turística, la herramienta que usan las campesinas para visualizar las capacidades que poseen y que la ruralidad les trasmite; a su vez proponen desde los discursos de emancipación, la conservación del territorio rural como espacio que integra la identidad histórica de Bogotá y su tránsito hacia la urbe. 

 Turismo rural y agroturismo 

Resaltando que la transformación de las prácticas agrícolas se ajustaron para ser presentadas como producto turístico, las fincas que hacen parte de la Ruta Agroturística La Requilina siguen siendo productivas a su medida, componiendo así un paisaje que se ajusta integralmente con sus habitantes, sus gustos y sentimientos,  que proyecta culturalmente a su sociedad y que se ha convertido en el rostro de la ruralidad usmeña (Nogué, 2012).

 Es por eso que reforzar la idea rural como territorio único de la ciudad, permite empezar a generar procesos de reconocimiento del lugar, espacios que se han ajustado a nuevas dinámicas territoriales y que por medio de procesos identitarios marcados, ayudan a reforzar la idea de proteger y conservar lugares donde la relación hombre-naturaleza se manifiesta de una manera tácita, inherente, sin esforzar dicha relación, promoviendo interlocuciones que exhiben el territorio desde su construcción valorativa y de sus imaginarios sociales, diferenciándolo de los demás espacios territoriales y que en definitiva el paisaje rural pasa a ser uno de estos elementos (Nogué, 2011).

 Esa baja densidad que identifica la ruralidad, además del predominio de la agricultura como actividad económica que se instaura en el imaginario colectivo, desde algunos rasgos distintivos tanto culturales como sociales (Llambí y Pérez, 2007), hacen de lo rural un espacio diferente al urbano. El turismo rural “es una fuente de ingresos complementarios, generadora de empleo parcial o estacional” (Castaño, 2005: 55),  uso que actualmente dan al turismo en la Requilina, aprovechando los espacios temporales de fines de semana de los ciudadanos urbanos. Este espacio también ha provisto de actividades complementarias a colegios, como aporte a los proyectos educativos institucionales y como programa curricular.  Resaltando los dos polos complementarios del agroturismo que son “la unidad productiva donde se establece la oferta de servicios turísticos y el demandante de dichos servicios (Soto, 2004: 128)”, en pocas palabras, son la producción agrícola y el turista la conexión directa para la manifestación del agroturismo.

 Recordando que los campesinos son quienes transforman esa producción agrícola y la transfieren a la producción turística, es en ese punto, donde se relaciona directamente la identidad, donde el imaginario social actúa transmitiendo los símbolos de la identidad al producto turístico a ser mostrado, existiendo una conveniencia por parte del campesino en dimensionar dicha construcción simbólica instalado en el producto agroturístico, como elemento significativo del territorio rural.

 La investigación etnográfica como método de estudio

Ingresar al espacio donde se construye el producto agroturístico, es ingresar a la propia casa del campesino, ya que son sus fincas el escenario dispuesto para la creación y consumo del producto turístico, desde cada una de sus variedades, formas y estilos, ornamentos y decorados, de base agrícola o pecuario, reserva nativa o construcciones antiquísimas, presentes en la idea que nace del campesino en asociar cada una de estas manifestaciones sociales a su propia identidad. 

 Desde la misma etnografía que permite adentrarse a las manifestaciones sociales de una manera participativa, se usaron los tres niveles de comprensión basados en las ciencias sociales, desde una perspectiva descriptiva que revela tres momentos de la investigación (Guber, 2001): el reporte, que adhiere el qué se está haciendo y qué ha ocurrido en el territorio en términos reconstructivos, desde la época pasada que marca la situación problema del territorio rural hasta hoy, donde nace la estrategia turística como defensa del territorio. Como segundo momento la explicación permite reconstruir el hecho social desde la perspectiva propia de la comunidad, desde instrumentos base como la entrevista semidirigida, que permite al entrevistado ahondar y recalcar de manera significativa sucesos de gran importancia para la comunidad y el territorio, desde el interrogante del porqué el estudio. Un tercer momento que cuestiona el cómo es lo que ocurrió. Estos momentos describen una interpretación desde los campesinos como actores sociales involucrados en la problemática territorial.

  Los imaginarios sociales como instrumento de reconstrucción de identidad 

Una encuesta dirigida a las integrantes de la Ruta Agroturística La Requilina, fue el instrumento que permitió vislumbrar procesos identitarios que aún permanecen en el entorno rural y que se consolidan dentro de los fenómenos sociales perdurables. Desde la metodología propuesta por Silva (2004) para la construcción de los imaginarios sociales, se acondiciona el instrumento para ser usado en el espacio rural, con el propósito de acercarnos a los imaginarios sociales del campesino, sus marcas territoriales y la identidad campesina, abarcándolo también desde tres perspectivas: la vereda, los campesinos y las otredades.

 El instrumento de investigación se inscribe en un diálogo perceptual de carácter individual y con repercusiones colectivas, siendo éstas construcciones subjetivas las que permiten construir el territorio rural, “estudiar las representaciones colectivas en su lenguaje y sus imágenes” (Silva, 2004: 25).

 La fotografía como medio visual 

Usando como propuesta del lenguaje dimensional de la fotografía, este estudio también se acerca desde este enfoque, haciendo uso de la triada que propone Silva (2012) y que su vez distingue un uso apropiado de la semiótica de la imagen, característica fundamental de promoción de la Ruta Agroturística La Requilina, que a partir de posters, postales y la propia imagen corporativa de la Ruta, difunden con un carácter significativo de la vida en el campo y la identidad campesina.  

 La triada del yo (posante, campesino, territorio rural), tú (fotógrafo, investigador) y él (observador, interprete, turista) se vinculan dentro de tres fases de revisión, desde el momento de la captura con un propósito inherente hasta el sinnúmero de interpretaciones que pueda tener una fotografía. 

 El desarrollo de la investigación 

La reconstrucción histórica de la Ruta Agroturística, desde el momento en que inicia como un proceso en una finca de la vereda, hasta la conformación de la Fundación Ruta Agroturística La Requilina, asociación de campesinas que hace parte de las organizaciones que promueve el turismo rural comunitario y gestiona recursos desde su objeto social, es el diálogo que se presenta en la primera fase de tres propuestas para esta investigación. 

 Primera fase 

Cabe resaltar que el método etnográfico nos provee de características fundamentadas en la participación de las disertaciones propuestas por las campesinas, llevando la entrevista hacia la búsqueda real del objetivo propuesto por la investigación: Identificar los imaginarios territoriales que desde la identidad campesina de los habitantes de la vereda la Requilina de la localidad de Usme se articulan a las dinámicas de turismo rural para la defensa del territorio.

 Al estar cercanas a los procesos de participación en temas como mercados campesinos, producción de alimentos limpios para comedores comunitarios y propuestas enmarcadas en los procesos sociales, las campesinas de la vereda Requilina enfrentan un problema que supera las dificultades personales: expansión urbana. Desde este momento nace la propuesta de  apropiación del territorio rural dirigido desde el turismo, un fenómeno social que aún perciben como un proceso económico productivo de complejo proceder, invasivo, destructor, pero sin esperar que fuera ésta la herramienta de lucha para la protección de la vereda. 

Es así como en diálogos con las directas involucradas, se narra la historia de creación de la Fundación Ruta Agroturística La Requilina, espacio social que en un principio articuló 12 campesinas y un campesino propietarios de fincas, pero que por situaciones propias de las organizaciones sociales se reduce a 6, consolidando un grupo que promueve procesos sociales en la vereda desde la vinculación de jóvenes en la promoción de la Ruta, la producción de alimentos orgánicos propios de la región y sobre todo, la identidad campesina vinculada a integraciones ancestrales indígenas, como lo aseguran. 

Es válido reconocer que la identidad campesina se sujeta a las prácticas territoriales; la transformación de la geografía territorial en un espacio rural esta conferido por lo social, por las creencias propias de sus habitantes y por el lenguaje propio de la tierra, el cual se articula directamente al proceso histórico vivido por los Mhuysqas  en esta región, por la consolidación de la identidad a partir de la labor diaria y constante de labrar la tierra, y por el uso propio del mismo territorio desde sus quehaceres cotidianos, los cuales en su gran mayoría desarrollan en la misma finca, donde viven y trabajan. 

 Segunda fase  

Este momento fue el que permitió reconocer de una manera directa las marcas territoriales, las distinciones simbólicas de la identidad campesina y lo que ellas interpretan de cómo otros campesinos las perciben, tres enfoques, tres miradas y tres momentos de reflexión. Dentro de esta fase de la investigación se proporcionaron 15 encuestas, 6 para las integrantes líderes de la Ruta y el restante a sus familiares más cercanos, con el ánimo de identificar el imaginario territorial que proviene directamente de las integrantes de la Ruta y sus allegados. 

La primera medición se hace de manera individual frente a 45 preguntas organizadas en los tres momentos anteriormente nombrados, simbolizan un orden lógico, de lo general a lo particular, de lo interno hacia lo externo o de lo individual hacia lo colectivo. Para corroborar dicha información y hacer mucho más contundente las respuestas de la encuesta, se desarrolló un grupo focal, haciendo las mismas preguntas, pero construyendo las respuestas de manera grupal. 

 Dentro del aspecto territorial se presentan los siguientes elementos representativos de la cultura campesina: los abuelos, los campesinos y el medio ambiente que hacen parte de los personajes significativos, esto se ajusta a los elementos que constantemente se proponen dentro de la investigación y que aquí toman un factor importante. 

 Algunas manifestaciones territoriales como querer ver siempre de forma rural el espacio habitado, sin edificios o urbanizaciones como lo mencionan, hacen parte de un prospecto de ruralidad que aún los jóvenes quisieran mantener, llevando el paisaje rural, la tranquilidad del territorio y su naturaleza como elementos de representación del espacio rural. 

 El hallazgo indígena, es uno de los espacios que dio cabida a la convalidación del ejercicio de reconstrucción de la identidad campesina, aportando de manera significativa al tránsito que recorre el imaginario social del campesino, el paso de la tierra al sujeto.

 Pasando al segundo momento, el de los ciudadanos, aspectos como el sombrero, la ruana y las botas, en su mayoría se ajustan a los elementos del atuendo del campesino, así como la alimentación está sujeta a la producción diaria del campo trabajado, papa y carne, leche y huevos son los principales aportantes a la dieta del campesino usmeño. Debido a la permanencia en la finca, espacio donde viven y trabajan, afirmando que los campesinos no recorren grandes distancias, solo se desplazan por los senderos que provee la vereda. 

En el tercer momento de la fase de imaginarios territoriales, se otorgó relevancia al cómo los ven los otros, o cómo creen que los otros los están viendo, respondiendo desde la perspectiva del otro, desde la representación del ausente (Silva, 2004), con la claridad de poder identificar esos rasgos distintivos que cree el campesino de Requilina que dicen o piensan de él, de su territorio y de sus prácticas contemporáneas; ponerme en los zapatos del otro y verme a mí mismo.  

Este momento tiene gran relevancia ya que gran parte de la orientación subjetiva conduce hacia la Requilina como la vereda de luchas, espacio organizado territorial y socialmente para promover procesos de emancipación, donde las condicionantes son el desarrollo de procesos comunitarios y turísticos hacia el rescate de la identidad. 

 Esta interacción ha generado una respuesta directa a la gran pregunta formulada en el proyecto, y desde este momento se puede decir que se tiene visualizada una estrecha relación en la construcción de identidad desde el imaginario territorial, es decir, la teoría construye procesos analíticos que permiten consolidar una manifestación social, pero que a su vez es de gran importancia para la academia restaurar dichas acotaciones en procesos prácticos, desde el trabajo de campo y desde las reflexiones propuestas desde la misma comunidad, extraer la teoría del trabajo con la comunidad (Jara, 2000).  

 Tercera fase 

La fotografía como elemento simbólico de la imagen del campesino, una apuesta para seguir reafirmando la revaloración de la identidad campesina en las formas de vestir, de actuar, de hablar, todos esos símbolos que nacen del espacio habitado y que a su vez promueven arraigos culturales promovidos por los ejercicios individuales de aceptación y consolidación colectiva. 

 

Figura 1 Cartilla corporativa

 Fuente: www.agroturismolarequilina.com (Jiménez, 2013)

 Esta fotografía (figura 1) representa la ancestralidad campesina desde la perspectiva de los utensilios domésticos, vasijas de barro, la típica casa de bahareque, el molino del maíz, botellas de bebidas gaseosas y latas de avena que aún contienen su contenido de más de 40 años de antigüedad, son algunos de los accesorios que adornan éste recorrido agroturístico. Resaltando la construcción identitaria bajo la conservación de dichos elementos, se representa la vida del campesino tradicional, aferrado a objetos que evocan costumbres antiguas, símbolos que deben conocer las personas de la ciudad para entender la diferencia entre ser rural y ser urbano. 

 

Figura 2 Postal imagen de campesino

 

 Fuente:  www.agroturismolarequilina.com (Jiménez, 2013)

 Una fotografía bastante diciente (figura 2), dentro de las labores del campo, la felicidad, humildad y carisma del campesino usmeño, quien al parecer tímido de la fotógrafa, posa con el ánimo de fingir naturalidad pero que representa todo eso que se quiere mostrar al público turista. Una imagen usada en postales publicitarias de la Fundación Ruta Agroturística La Requilina, evoca las condiciones laborales, el atuendo del campesino trabajador, accesorios y herramientas que facilitan en cierta manera la labor, y de fondo, un cultivo de papa como alimento representativo del campesino cundiboyacense. 

 Conclusiones y disertaciones  

 La identificación del imaginario territorial aparece cuando se inicia la triangulación de la información bajo la metodología propuesta, resaltando que cada uno de los factores como los lingüísticos, simbólicos y estéticos, resaltan la reconstrucción de la identidad campesina que por parte de la comunidad han venido reconociendo. La información recolectada juega un papel preponderante a la hora de analizarla, puesto que las preguntas dirigidas a evidenciar esas manifestaciones simbólicas que ayudan a construir la identidad, aportan en la manera en que ésta se solicitó a la comunidad, entendiendo que en la parte del estudio donde se debe interlocutar con la comunidad, trasciende la forma en que se pide la información para que ésta revele el fin último del ejercicio investigativo. 

 El ejercicio de investigación resalta sucesos importantes que aparecen en el territorio, que han sido registrados en la memoria del campesino para aportar a la reconstrucción de la identidad del mismo, el hallazgo arqueológico genera en la comunidad un arraigo importante a la hora de ser campesino, conectando el paso de los indígenas muiscas por este territorio con el relevo generacional recibido por los campesinos, arraigando la vereda como si fueran los nuevos guardianes del territorio. Una perspectiva relacionada hacia la búsqueda de la protección de la identidad cultural desde los mismos procesos de base vinculado a las políticas de estado (Castellanos, 2016).

 El turismo es la herramienta que actualmente están usando como vitrina para mostrar las bondades del territorio, desde las potencialidades que no solo tiene el territorio y sus ecosistemas sino que también poseen sus habitantes y su capacidad de transformación, permitiendo así hacer un llamado a la sociedad para que vean y vivan la experiencia de lo que es ser campesino, lo que es la ruralidad y lo que permite el entorno.

 Bibliografia

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