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Turismo, por los caminos del desarrollo y la planificación. Un análisis teórico.

Turismo, por los caminos del desarrollo y la planificación. Un análisis teórico.

 

 

 

Adelaida Ardila

 

Universidad Externado (Colombia)

 

 

 

Fredy A. Ochoa

 

Universidad Externado (Colombia)

 

 

 

 

 

Resumen

 

 

 

Este articulo tiene como objetivo relacionar diferentes concepciones del turismo, con algunas de las teorías de desarrollo, sostenibilidad y alternativas surgidas a partir de

1949, y con las eras moderna y posmoderna. A partir de una perspectiva hermenéutica de investigación. Se inicia con un marco de referencia, luego del cual el artículo se divide en dos grandes partes, correspondientes a las eras de estudio: Cuando el hombre era el sabio en el centro del mundo” y Cuando ya nada era cierto. Esto debido a que las teorías que se tienen en cuenta pueden enmarcarse en uno de estos dos modelos de pensamiento  y de esta  manera se puede lograr una mejor comparación  y posterior análisis. Se encuentra que el turismo es una construcción moderna, pero que esta condición no debería impedirle su evolución hacia un estudio y una comprensión más compleja e integral, como la que ofrece la posmodernidad.

 

 

Palabras clave: turismo, desarrollo, sustentabilidad, posmodernidad, modernidad.

 

 

 

Abstract

 

 

 

The main objective of this paper is to connect different meanings of tourism to some development and sustainability theories and the alternatives brought up since

1949, and to the modern and postmodern periods, in a research done with a hermeneutic


perspective. It begins with a reference frame, after which the paper is divided into two main segments, corresponding with the study eras: When Man Was the Savant in the Center of the World” and When Nothing Was True Anymore. This is due to the chosen theories, that when associated with the two thinking models can be better compared and analyzed. It is found that tourism is a modern construction, but that this condition should not prevent it from an evolution towards a study and more complex and integral understanding, such as postmodernity offers.

 

 

Keywords: tourism, development, sustainability, postmodernity, modernity.

 

 

 

1.         Introduccn.

 

 

El turismo se puede definir como un fenómeno moderno o posmoderno, según la forma en que se desarrolle (Cohen, 2010; Osorio, 2005). Esta caractestica se puede relacionar con las diferentes formas de explicar esta actividad, por ejemplo a partir de sistemas complejos o de modelos turísticos tradicionales (Ardila, en prensa). Sin embargo, estas eras, modernismo y posmodernismo, se amplían en su concepción y características a otras teorías sociales, tales como el desarrollo, la sostenibilidad y las alternativas a estos que han surgido a través de los años.

 

 

A  partir  de  lo  anterior,  el  objetivo  de  esta  investigación  es  relacionar  las diferentes concepciones del turismo con algunas de las teoas de desarrollo, sostenibilidad y sus alternativas surgidas a partir de 19491, y con las eras moderna y posmoderna. Para lograrlo, en primer lugar, se definen algunos conceptos cruciales, tales como la ayuda y la pobreza, que se podrían considerar el origen de la necesidad del desarrollo occidental. Asimismo el ocio, el loisir y el turismo, para comprender de forma básica qué se entiende por esta actividad en esta investigación. A partir del marco de referencia, los  dos  apartados  siguientes  se enfocaen,  primero, tratar la visión moderna del desarrollo, la sostenibilidad  y el turismo, visto a partir de modelos  y

sistemas  cerrados  y  secuenciales;  para  luego,  revisar  la  respuesta  posmoderna,

 

 

 

 

1 Este año se considera el inicio de la carrerar por el desarrollo (Escobar, 2001 / trad en. 2007).


comprendida por las alternativas que se han propuesto, tales como el posdesarrollo, la sustentabilidad y los estudios turísticos desde la complejidad y el caos.

 

 

Al resaltar los puntos en común entre las teorías mencionadas y las diferentes alternativas, se evidencia un afán por superar la visión mecanicista y antropontrica que ha marcado los estudios hasta ahora.

 

 

2.         Metodología.

 

 

 

Esta  investigación  de  carácter  teórico  analítico,  fue  realizada  a  partir  del estudio de fuentes secundarias y su posterior clasificación y análisis, siguiendo una perspectiva hermenéutica y cualitativa (Sandoval, 1996). Los aspectos cualitativos tratan de identificar la naturaleza profunda de las realidades, su sistema de relaciones, su estructura dinámica(Bautista, 2011, p. 16) y el hermenéutico busca incrementar el entendimiento para mirar condiciones y estilos de vida, sobre una perspectiva doble de presente y pasado” (Odman, 1988, citado en Sandoval, 1996, p. 60).

 

 

 

 

 

 

3.         Resultados.

 

 

 

3.1. Los conceptos.

 

 

 

¿De dónde surge la ayuda, esa ayuda internacional que se ve en las noticias, que de forma aparentemente desinteresada busca apoyar a los pobres del mundo, satisfaciendo sus necesidades y así llevándolos a un buen” nivel de vida?. Para Gronemeyer (1996), la ayuda es simplemente un acto de apariencia altruista que forma parte de una estrategia mucho más amplia para crear necesidades inexistentes y sacar provecho. Se diagnostica externamente y lleva a una homogeneización en la que los que la reciben no pueden continuar con sus modos tradicionales de vida, debido a que son inadecuados, por lo que se les obliga de forma tácita a encajar en un modelo occidental (Rahnema, 1992).


 

La ayuda deja de parecer entonces tan inocente como antes y cabe preguntarse qué  tienen  los  paquetes  de  ayuda  más  allá  de  la  comida  industrializada,  los medicamentos alopáticos, las ropas en serie de corte occidental y todo que puedan incluir. Ahí dentro, se encuentra también una aparición instantánea de necesidades antes inexistentes e inimaginadas, que vienen con el problema de su satisfacción y de su crecimiento casi infinito (Elizalde, 2003). Esto obliga al consumo para tener un nivel, a ojos desarrollistas, adecuado de bienestar (Naredo, 2003). De hecho, el Grupo de Bruselas (1995), como se citó en Elizalde, Martí y Martínez (2006), indica que “se actúa como si los bienes de consumo viniesen a satisfacer las necesidades. El economista es el especialista en el ser humano; pero, prisionero de su mirada cuantificadora, se restringe a la reducción de la necesidad en el consumo” (p. 15).

 

 

La relación del crecimiento económico con las necesidades, y de estas con la ayuda, es evidente. Queda, sin embargo, la cuestión de clasificar de alguna manera a las personanecesitadas,  convertidaen  el  homo  miserabilis,  que ve lo  que antes  era normal como algo maligno, insuficiente y por debajo de los índices establecidos (Illich,

2002).

 

 

 

Gronemeyer (1988) indica que las necesidades son una nueva manera de formular la hipótesis de la escasez universal(Illich, 2002, p. 19). A su vez la escasez de algo, en particular de dinero y bienes materiales, lleva según el occidentalismo a no satisfacer las necesidades. Visto de una forma u otra, la insatisfacción de necesidades implica la pobreza o la pobreza contiene dentro de sí carencias latentes.

 

 

La pobreza, como se la entiende hoy en día en el sentido material y monetario

 

(Rahnema, 1992), es un problema o enfermedad a combatir con el desarrollo (Illich,

 

1992), y a la vez es un obstáculo para alcanzarlo (Escobar, 2001). Su persistencia es un enorme  obstáculo  para  alcanzar  la  equidad,  imperativo  ético  estratégico  del desarrollo” (CEPAL, 2003, p. 27). Al final, se llega incluso a cuestionar la humanidad del pobre, pues aquellos que sobreviven a pesar del subconsumo indexado fueron


ubicados en una nueva categoría infrahumana, y percibidos como víctimas de una doble

 

atadura(Illich, 1992).

 

 

 

Se considera que la pobreza puede partir desde un nivel colectivo o individual y contener términos claves como educación, vulnerabilidad, salud y privación (Misturelli y Heffernan, 2010). Hacia 1970 los pobres eran víctimas a las que había que proveer servicios (Imala, 1980 y Qadir, 1982, citados por Misturelli y Heffernan, 2010); durante la  década  siguiente  la  lucha  contra  la  pobreza  se  enfocó  en  la  satisfacción  de necesidades  individuales  (Maxwell,  1999,  como  se  citó  en  Misturelli  Heffernan,

2010); en los últimos años del siglo XX la relacionó con “estándares mínimos de vida, cada uno con un criterio específico, en los que se hizo particular énfasis en los derechos y las necesidades físicas (Misturelli y Heffernan, 2010).

 

 

Hay que resaltar cómo se ha insistido en la relación de la pobreza con lo material a lo largo de los años, definiendo como pobres a personas que no cuentan con un nivel de ingresos o de consumo mínimo de acuerdo con índices como el propuesto en 1948, modificado en 1962 por la Organización de las Naciones Unidas [ONU]. Luego, en

1990, el Banco Mundial estableció que un pobre absoluto era aquel que no pudiera comprar (nótese la insistencia en la adquisición por medios económicos) lo necesario para consumir 2250 calorías al día (Heffernan y Misturelli, 2010).

 

 

En las relaciones entre esos conceptos se funda el de desarrollo, parte de un imaginario social (Escobar, 2001), omnipresente en los planes de los gobiernos (basta con referirse al nombre de estos documentos, planes de desarrollo). La ONU indica que sus iniciativas:

 

 

en pro del desarrollo afectan de manera profunda a las vidas y al bienestar de millones de personas en todo el mundo. Se basan en la convicción de que la paz y la seguridad  internacionales  duraderas  son  posibles  sólo  si  la prosperidad económica y el bienestar de las personas están garantizados. (s.f., pár. 1)


Sin embargo, se profundizará más en las teorías relacionadas con este concepto en el siguiente apartado, en el que se examina además su relación con el modernismo, la sostenibilidad y el turismo. Respecto a este, también hay que hacer algunas aclaraciones, en particular sobre sus orígenes en el ocio y el loisir.

 

 

El turismo tiene origen en el ocio y en el uso del tiempo libre (Balestreri, 1999, como se citó en Getino, 2002), y se refiere a un viaje que se hace, pero que tiene retorno (Fuster, 1973). Originalmente, no tenía en cuenta a los viajeros de negocios, que se incorporaron a la definición solo en el siglo XX, para facilitar los estudios estadísticos del sector (Getino, 2002). El ocio  tiene origeeel  otium latino, meta última de sociedades antiguas como la griega, la romana y la egipcia, que consistía en no trabajar para consagrarse al cultivo de la mente y el cuerpo (Getino, 2002).

 

 

No obstante, actualmente el ocio se asocia a no hacer nada, a pesar de que estas implicaciones tengan poco que ver con el significado real de la palabra (Ocio, s.f.). Por lo anterior, en los últimos años se ha comenzado a usar la palabra loisir, que sí implica una actividad (Jiménez, 1990) y que Dumazedier define como el conjunto de ocupaciones  a  las  que  el  individuo  puede  entregarse  libremente  para  descansar, divertirse y desarrollar su información o su formación después de haberse liberado de sus obligaciones, profesionales, sociales y familiares” (como se citó en Jiménez, 1990, p. 87).

 

 

Finalmente, cabe hacer una aclaración respecto al tiempo libre en el sentido actual.  Tiene  una  concepción  moderna,  que  se  origina  en  la  Revolución  Industrial cuando empezó a darse la dicotomía entre trabajar y no trabajar, excluyendo a una actividad de la otra. A partir de este momento, en que surge el derecho de todas las personas a trabajar si así lo desean, surge igualmente un derecho a descansar en las horas en que no se está en la fábrica o la oficina, y aparece entonces una oportunidad para ver este espacio desde una lógica capitalista (Pardo, 1981, como se citó en Getino,

2002).


3.2. Cuando el hombre era el sabio en el centro del mundo.

 

 

 

La modernidad, que Osorio (2010, p. 236) describe como algo que:

 

 

 

resalta la libertad del sujeto, la posibilidad de la construcción del sí mismo, la capacidad de definir el futuro, la preeminencia de la racionalidad económica y científica, y la alternativa de la acción y el trabajo para alcanzar linealmente el progreso y la democràcia”.

 

 

Es además una acción que rompe con el pasado, que hace una distinción entre lo que había “antes” y lo que se encuentra “ahora(Cohen, 2005). Nace con la Revolución Industrial,   que   trajo   consig además   un   legado   cartesiano   y   mecanicista un pensamiento lineal y una confianza en las ciencias que no había existido hasta entonces. El capitalismo es igualmente propio de esta era, en la que la especie humana prima sobre el mundo, como si se encontrara en un escaño superior y pudiera llegar a comprenderlo y manipularlo todo (Alvares, 1992). De hecho, el desarrollo ha sido promovido por dos instituciones, el estado y el mercado, indisolublemente enlazados por el proyecto de la modernidad” (Berthoud, 1992, p. 136).

 

 

Este  afán  dconquista  llegó  al  siglo  XX,  creando  un  nuevo  concepto  que llegaría a todos los países. A partir de 1949, con el discurso de posesión del presidente Truman en Estados Unidos, se fijó un propósito respecto al futuro deseable del mundo:

 

 

“crear las condiciones necesarias para reproducir en todo el mundo los rasgos característicos de las sociedades avanzadas de la época: altos niveles de industrialización y urbanización, rápido crecimiento de la producción material y los  niveles  de  vida,  y adopción  generalizada  de  la  educación  y los  valores culturales modernos” (Escobar, 2001, p. 20).

 

 

Con lo anterior, nació la carrera en pos del desarrollo y se llela modernidad hacia su imposición en todo el mundo. Los conceptos de pobreza, necesidades y ayuda


fueron transformándose hasta lo que se conoce hoy en día y se comenzaron a diseñar diferentes teoas y modelos de desarrollo (Escobar, 2001, p. 20)

 

 

Uno de los  primeros modelos implementados en América Latina fue el del desarrollo estructuralista, impulsado por la Comisión Económica para Arica Latina [Cepal], que apuntaba a disminuir las desigualdades entre el centro y la periferia y a mejorar las condiciones de vida a través de un proceso de sustitución de importaciones (Kay,  1991).  En  teoría,  este  modelo  no  se  enfocaría  únicamente  en  aspectos económicos, sino que tendría en cuenta los sociales y políticos (Kay, 1991). Prebisch fue un impulsor de la división Norte/Sur empleada para distinguir diferentes categorías de países, que aún hoy se emplea (Hounie et al., 1999).

Posteriormente la CEPAL presenta un nuevo modelo, el desarrollo endógeno, con el que argumenta que el crecimiento puede darse desde adentro, apelando a una diferenciación  horizontal  que  permite  avances  tecnológicos  internos  (Romer,  1990, como se citó en Hounie et al., 1999). Lo anterior se liga a la innovación, una destrucción creadora (Aghion y Howitt, citados por Hounie et al., 1999) que permite la distribución del conocimiento (Hounie et al.) y un aumento en la producción (Grossman y Helpman, citados por Hounie et al., 1999).

 

 

Un modelo posterior, impulsado también por un organismo internacional, el Programa  de  las  Naciones  Unidas  para  el  Desarrollo  [PNUD],  considera  que  las personas son objetos y participantes del desarrollo, que consiste en “el proceso de

‘incrementar las posibilidades de elección de las personas’” (PNUD, como se citó en Mancero, 2001, p. 7). En teoría, este modelo no se guía únicamente por el PIB, pero en la práctica utiliza otros índices similares (Kelley, 1991, citado en Mancero, 2001), al punto en  que se afirma  que tiene una  firme relación  recíproca con  ecrecimiento económico  (Ranis  y Stewart,  2002,  p.  9). Como  parte de esta  teoría,  se proponen círculos viciosos, virtuosos o desarrollo asimétrico, según el aspecto que mejore (Ranis y Stewart, 2002). Los autores examinan diferentes países a partir de estos criterios y llegan  lconclusión,  por  ejemplo,  de  que  Colombia  en  la  década  de  1980  se encontraba en uno virtuoso: época de gran desarrollo humano y alto crecimiento económico.


 

No obstante, la realidad muestra que, a pesar de tener resultados remarcables en papel, esto no refleja la situación de un país que en esa época no se caracterizaba por la seguridad de sus habitantes. En 1983 moría una persona asesinada cada hora y las ciudades eran tomadas por la guerrilla, la paz y sus acuerdos hechos trizas, en este sacrificado país,  y el presidente callado. Todo esto hizo que, al mediar la década, frecuentáramos la desilusión y el odio” (Fajardo, 2013). Esto lleva a preguntarse si los índices  de  desarrollo  humano  crecimiento  económico,  vistos  en  conjunto  para asegurar un círculo virtuoso, no corresponden más bien al reduccionismo aritmomórfico criticado por Daly y Cobb (1989).

 

 

En síntesis, se puede ver que las propuestas clásicas de desarrollo corresponden a la visión moderna en la que prima el hombre, el crecimiento económico, el elogio y creencia en la ciencia, la tecnología y el progreso. Se divide al mundo en dos partes (los desarrollados y los que todavía no) y se busca superar esta separación con una homogeneización basada en el pensamiento occidental (Elizalde, 2003; Escobar, 2001,

2005, 2007, 2011; Esteva, 1992; Morandé; Sachs, 1992).

 

 

 

En respuesta, surgieron diversas alternativas de desarrollo, que buscaban solucionar alguno de los problemas identificados en las teorías anteriores, pero que no cuestionaban las bases teóricas de las que partían ni el paradigma que representaban (Toledo, 2014). Aparecen teorías como el desarrollo desde la comunidad (Daly y Cobb,

1989); a escala humana (Max-Neef, 2010); otra versión de desarrollo humano (Elizalde,

 

2003);  y,  finalmente,  el  desarrollo  sostenible,  este  último  impulsado  también  por organismos internacionales, como la ONU y la Cepal (Carabías y Provencio, 1992).

 

 

Se va a profundizar un poco más en el último mencionado. En primer lugar, hay que recordar que la definición tradicional de sostenibilidad fue presentada por la Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (1988), con lo que se da inicio a un nuevo discurso (Leff, 2002), adoptado desde entonces por diversos países e instituciones. En el caso de Colombia, en el artículo 3 de la Ley 99 de 1993, definió al desarrollo sostenible como aquel:


 

que conduzca al crecimiento económico, a la elevación de la calidad de la vida y al bienestar social, sin agotar la base de recursos naturales renovables en que se sustenta, ni deteriorar el medio ambiente o el derecho de las generaciones futuras a utilizarlo para la satisfacción de sus propias necesidades”.

 

 

El aumento de las preocupaciones ambientales, unidos al desencanto proveniente del fracaso de teorías anteriores en su esfuerzo por disminuir las desigualdades, llevó a los tres pilares del desarrollo sostenible: social, ambiental y económico (Carabías y Provencio, 1992). A propósito de este modelo, Escobar (2007, p. 323) afirma que haría posible la erradicación de la pobreza y la protección del medio ambiente en otra gran hazaña de la racionalidad occidental; lo que muestra que partió de un modelo modernista y por tanto es indiferenciado del tradicional.

 

 

Para lograr esta hazaña, sería necesario separar aún más al ser humano de su entorno, considerado un medio ambiente” lleno de recursos a ser administrados racionalmente para un mayor crecimiento económico (Escobar, 2007). De hecho, la expresión medioambiente se llega a considerar como enemigo, puesto que no obedece a las leyes del mercado (Latouche, 1999), bajo esta visión se asume que nosotros los hombres ocupamos el centro de un sistema de cosas que gravitan en torno nuestro, ombligos del universo, dueños y poseedores de la naturaleza” (Serres, 2004, p. 61). Lo anterior remite, nuevamente, al ideal de la modernidad.

 

 

La manipulación humana sobre la naturaleza llega también por el abandono forzado de las diferentes percepciones sobre esta, como las cosmovisiones de diversas culturas. Se converge en la visión utilitaria occidental: “el mundo de la ciencia oficial y el Estado-nación no solo están destruyendo suelos y sedimentando lagos, sino congelando la imaginacn” (Visnavathan, como se citó en Escobar, 2001). Pero, a pesar de que el origen de la degradación del ambiente, se le atribuye de forma equitativa a todos los países y pueblos, sin importar su nivel de consumo o producción, se afirma que los pobres son “causa y efecto de los problemas ambientales” (Escobar, 2007, p.

328).


 

Las críticas al desarrollo sostenible son diversas, la mayoría estrechamente relacionadas con las que se le hacen al desarrollo tradicional y a la modernidad. Se trata, a la larga, de un modelo antropocentrista, mecanicista, homogeneizador y limitado de la realidad, en el que se relega la Tierra a recursos con los cuales impulsar aún más el crecimiento económico y generar más riqueza (Leff, 2002) para sacar a los pobres de su situación y ayudarles a suplir asus necesidades.

 

 

Los anteriores modelos se enfocan, sobre todo, en la importancia de la planificación para conseguir sus fines: la popularización de esta es simultánea a la del desarrollo. Delimita relaciones de poder por medio de un discurso (Escobar, 1992; Wood, 1985), se liga con la escasez y la producción,  y redefine la vida social y económica de acuerdo con los criterios de racionalidad, eficiencia y moralidad que son concordantes con la historia y las necesidades de la sociedad capitalista, industrial” (Escobar, 1996, p. 219).

 

 

La planificación, por lo demás, contribuye con la homogeneización y la globalización, por ejemplo, con creación de las necesidades básicas insatisfechas. Asimismo, ha estado profundamente intrincada en la expansión de la modernidad occidental desde fines del siglo XVII, involucrando la superación y erradicación de las tradiciones, los obstáculos y las irracionalidades, en otras palabras, la modificación de todas las estructuras humanas y sociales existentes, para ser remplazadas por nuevas estructuras racionales (Escobar, 1996, p. 216, 220).

 

 

Es  en  lo  anterior donde cobran  importancia  las  diferentes  concepciones  del turismo que se pueden tener y que se relacionan estrechamente con la modernidad. Después de todo, es característico de esta, el an de clasificar y reducir las cosas, de llegar a las partes más pequeñas para explicar, mediante modelos secuenciales y simplificados, el funcionamiento del mundo  y así definir su futuro (Osorio, 2010). Efectivamente, la relación de la actividad turística con el desarrollo y la planificación ha sido ya resaltada (Departamento Nacional de Planeación, 2010; Organización Mundial del Turismo, 2005).


 

Por esto, se diseñaron diferentes modelos y sistemas turísticos, que, según el diseño, permiten una planificación más eficiente. Algunos de estos se enfocan en diferentes factores de la actividad turística, tal como han sido descritos por Jiménez (1990). En particular, hay una relación más fuerte con el económico, por la relación que este presenta con el crecimiento y, por tanto, con el desarrollo (Norval, Figuerola y Heytens, como se citaron en Jiménez, 1990; Getino, 2002).

 

 

El  sistema  turístico  propuesto  por  la  OMT  (1998)  puedconsiderarse  un ejemplo,  al  interrelacionar  únicamente  cuatro  elementos:  la  demanda,  la  oferta,  el espacio geográfico y los operadores del mercado. Es evidente el enfoque económico de este modelo y la visión de programar el futuro al antojo de la humanidad, bajo el supuesto de que si se planifica de acuerdo a los componentes mencionados, se logrará un objetivo.

 

 

La OMT no es la única en definir al turismo como un sistema. Otros autores han buscado  explicar  de  esta  manera  la  actividad,  de  forma  más  o  menos  gida.  Por ejemplo, Jafari y Ritchie (como se citaron en Jiménez, 1990) mostraron cómo diversos sectores, al conjugarse, apoyaban el turismo mediante teorías y técnicas, como si esta actividad no fuera sino una ecuación que se pudiera estudiar y resolver. Por su parte Kaspar indica (como se citó en Jiménez, 1990, p. 159), que todas las ciencias humanas se ocupan en igual intensidad de su estudio, con lo que resalta una vez más la fe ciega en la ciencia occidental.

 

 

El modelo de Leiper (como se citó en Darbellay y Stock, 2012), a pesar de los malentendidos que ha suscitado y de, en teoría, replicarse con cada nuevo turista (McKrecher,  1999),  cuenta  con  cinco  elementos.  Estos,  vistos  de  forma  global, apoyaan también la planificación: las regiones de origen, tránsito y llegada, los turistas y la industria que existe alrededor de su actividad (Leiper, como se citó en Darbellay y Stock, 2012).

En resumen, los modelos de sistemas turísticos por lo general responden a una visión  moderna  de  la  realidad,  relacionada  directamente  con  la  planificación  y  el


desarrollo y sus características e implicaciones. No obstante, como se ha resaltado, esta concepción tiene problemas de fondo, que diferentes autores han buscado subsanar de diversas formas, ya sea proponiendo alternativas de desarrollo, o a los modelos reduccionistas y lineares del turismo, alternativas que   muestran una perspectiva posmoderna sobre el mundo y lo que en él sucede, como se verán a continuación.

 

 

 

3.3. Cuando ya nada era cierto.

 

 

 

La posmodernidad se caracteriza por una disminución de la creencia en lo infalible de lo humano. Se deja la convicción de la existencia de un solo camino, lo que implica una ruptura de las «grandes narraciones dominantes», entre las que se incluyen, entre otros, el cientificismo y el racionalismo (Cohen, 2005,  p. 14). Esta explicación se puede complementar con e posmodernismo «antiutilitario»” de Latouche (1996, p.188) y por la concepción de Osorio (2010, p. 236), que indica que la posmodernidad:

 

 

se refiere la pérdida de fe en el carácter inevitable del progreso, el rechazo radical  a la instrumentalización  de la razón  y la admisión  a la  apertura,  la discontinuidad, la búsqueda del disenso y la inestabilidad como lo verdaderamente humano. Así entonces, lo efímero, lo fugaz, lo cambiante, lo fragmentario, lo contingente, se asume como característico de la sociedad”.

 

 

Al igual que el modernismo llevó a la aparición del desarrollo  y todos los conceptos y teoas relacionadas con él, el posmodernismo está relacionado con otras tantas. Estas parten de supuestos diferentes y no buscan ser variaciones sobre el mismo tema, una diferencia radical frente a lo que representaban las alternativas de desarrollo anteriores (Toledo, 2014). Se revisan, a propósito de las respuestas al desarrollo, el posdesarrollo (Escobar, 2011), el decrecimiento (Latouche, 2011) y la sustentabilidad (Leff, 2002); y de las nuevas concepciones del turismo, aquellas basadas en el caos (McKrecher, 1999), los sistemas complejos (Darbellay y Stock, 2012), el pensamiento complejo  (Campodónico  y  Chalar,  2013;  Urdaneta,  2010)  y  el  turismo  como  una relación en la que la Tierra es un sujeto de derecho más a considerar (Ardila, en prensa).


 

El posdesarrollo propone un cambio de paradigma, en el que se dejen los ideales y los dogmas únicos, asimismo, la relación dualista con el entorno (Escobar, 2011). En lugar de esto, plantea la creación de un nuevo lenguaje, uno híbrido y plural que no ignore ni los avances occidentales ni las cosmovisiones tradicionales, sino que busque complementariedades (Escobar, 2007).   Este proceso, la hibridación, implica una (re)creación cultural que puede o no ser (re) inscrita en constelaciones hegenicas” (Escobar, 2007, p. 369) y puede ser asociado con las ecologías de saberes que propone de Sousa Santos (2013, p. 24) para luchar contra la no existencia [que] es producida siempre que una cierta entidad es descalificada y considerada invisible, no inteligible o desechable”.

 

 

Un énfasis en lo local también es propio del posdesarrollo: propone solucionar los  problemas  con  los  conocimientos  y  herramientas  propios  del  lugar  en  que  se originan; tener movimientos desde abajo, desde el propio espacio; y dejar de lado los aspectos exógenos, los diagnósticos externos, los ideales de desarrollo y de crecimiento económico. Al contrario, el posdesarrollo aboga por un decrecimiento (Escobar, 2005;

2011).

 

 

 

Latouche se ha enfocado en el decrecimiento, cuestionando los modos de vida occidentales modernos, creadores de mayores desigualdades y de necesidades nuevas, y que exacerban la degradación del ambiente (2011). En lugar del crecimiento económico propone el decrecimiento, con el que hace referencia, no a una disminución del PIB, como se ha criticado y malinterpretado, sino a un abandono de la creencia en esa teoría. Busca una deseconomización de la vida; el fortalecimiento de los lazos humanos, de la convivialidad y cooperación en lugar de la competencia; de la búsqueda de la felicidad, en vez de centrarse escasez; de retornar a un nivel de producción acorde con la ecología terrestre (Latouche, 2003; 2011).

 

 

Las anteriores propuestas se relacionan entonces con el posmodernismo, por ejemplo, al no mostrar una única salida, creencia o respuesta válida a las cuestiones del mundo; al comprender la importancia de salir de un dogma totalitario y de enfocarse en


ecologías de saberes; al no anteponer a los humanos por sobre todos los otros seres y territorios. Ahora bien, las respuestas posmodernas a los problemas implicados en la modernidad no se limitan a presentar alternativas al desarrollo: igualmente, la sostenibilidad basada en tres pilares es cuestionada, razón por la que se presenta la sustentabilidad para combatir la crisis de civilización y ambiental (Leff, 2002).

 

 

Leff (2002; 2004) presenta, a través de un enfoque econtrico y apoyado en las leyes de la termodinámica, en particular en la entropía y la posibilidad de la neguentropía,  una  visión  comprehensiva  de  la  totalidad  del  sistema,  alejado  de  la realidad capitalista y del dogma economicista. La sustentabilidad, entonces, comprende las relaciones entre las diferentes partes, reconoce la otredad, la ausencia de una lógica mecanicista y, en suma, “encuentra su razón y su motivación, no en las leyes objetivas de la naturaleza y del mercado, sino en el pensamiento y en el saber; en identidades y sentidos que movilizan la reconstrucción del mundo” (Leff, 2002, p. 52). El autor, sin embargo, afirma que antes de llegar a la sustentabilidad, que considera de cierta manera una utopía, se pasa primero por una época de transición (Leff, 2002).

 

 

Finalmente, el turismo también presenta nuevas perspectivas relacionadas con la visión posmoderna. Se abandona la insistencia en un sistema reduccionista que permita la planificación, tal como el que se presentó de la OMT, y se busca comprender de una forma más holística y menos utilitarista la actividad. Los aportes al turismo desde el caos y la complejidad son un reflejo de cómo las concepciones clásicas no pueden considerarse suficientes.

 

 

Por ejemplo, la propuesta de McKrecher (1999), en la que se hace una analogía con los sistemas vivos, considera que el turismo no es determinístico ni probabilístico. La inestabilidad lleva a su vez a las adaptaciones, que luego se reflejarán en cambios de mayor medida, en lo que se conoce como la dependencia sensitiva de las condiciones iniciales” (también llamada comúnmente el efecto de la mariposa) (Gleick, 1988).

 

 

El autor incluye en su análisis al viajero; a las externalidades relacionadas o no con  el  turismo;  a  las  comunicaciones;  a  todas  las  empresas  públicas  o  privadas


relacionadas con la actividad; a los outputs (sin importar su procedencia) y los provocadores (elementos que ponen al sistema al borde del caos) (McKrecher, 1999). Pero no se considera, por ejemplo, a la naturaleza, la Tierra o el entorno. Esto tiene consecuencias más graves, por cuanto las visiones reduccionistas del mundo separan a la naturaleza de los humanos, viéndola como un objeto impersonal y también separan los hechos de los valores asociados con la naturaleza" (Carley y Christie, 2000, citados por McDonald, 2009, p. 455).

 

 

Al separar a la naturaleza y continuar con una visión sesgada en pro de los humanos (por más humana que sea la actividad), pero al comprender asimismo las características inestables y cambiantes del sistema (Osorio, 2010), puede considerarse que, a pesar de contar con elementos propios del posmodernismo, no se podría afirmar que este enfoque rompe de forma radical con los planteados en el apartado anterior.

 

 

Otras visiones del turismo que podrían asociarse con a esta era son las que provienen de la complejidad y que se dividen entre las que hacen énfasis en el pensamiento y las que lo hacen en los sistemas. Esta distinción es necesario abordarla un poco antes, puesto que cada grupo aboga porque su perspectiva supera las falencias de la otra: son dos tradiciones de investigación que, a pesar de compartir una herencia científica común, han desarrollado históricamente con distintos puntos de contacto y diálogo entre sí” (Aguirre et al., 2003, p. 253). Así, en teoría, los sistemas complejos tienen un alcance real mucho más amplio, puesto que se extienden más allá del pensamiento humano y de lo abstracto, para tratar con asuntos reales. Surgen de las ciencias de la complejidad, del estudio del caos. Por el contrario, el pensamiento complejo se considera una racionalidad reflexiva que intenta pensar la complejidad del mundo físico, biológico y social, la unidad y la diversidad de los sistemas de pensamiento y de los sistemas sociales” (Aguirre et al., 2013, p. 256), que trata a las ciencias de la complejidad como un enfoque técnico-metodológico, al que le falta una epistemología de fondo (Aguirre et al., 2013). Maldonado (2011) indica, sin embargo, que se han buscado aplicaciones de las ciencias de la complejidad en las ciencias sociales (2011).


Se encuentran, en el turismo, defensores de uno u otro tipo de complejidad en el turismo. Así, Campodónico y Chalar (2013) y Urdaneta (2010) defienden su estudio desde el pensamiento complejo, tal como fue desarrollado por Morin (Campodónico y Chalar, 2013). De esta manera, argumentan que se puede estudiar la actividad o acción social que es el turismo “como una estructura en múltiples niveles, sustituyendo así la visión unidimensional que ha caracterizado al pensamiento clásico” y evitando tratar de forma lineal a este fenómeno social (Campodónico y Chalar, 2013, p. 49).

 

 

La realidad turística, compuesta por metaturistas, turistas, posturistas, comunidades receptoras, operadores, trabajadores de los diferentes servicios y los empresarios, se origina en el turista (Campodónico y Chalar, 2013, p. 48). No obstante, ignora aspectos como el entorno, suponiendo que es indiferente el lugar físico en que ocurre la actividad, y que la comunidad local (los humanos) fueran lo único necesario para su comprensión. Urdaneta (2010) igualmente se centra en los turistas, pero, a diferencia de Campodónico y Chalar (2013), tiene en cuenta a la comunidad receptora y lo que se pueda relacionar con esta, como las interacciones que tenga con el visitante y una visión de los impactos que llega incluso hasta lo ambiental.

 

 

Darbellay y Stock (2012) indican que, dada la heterogeneidad de los actores implicados en la actividad turística, es necesario hablar de una complejidad específica. En esta, no solo se tienen en cuenta a estos actores, sino también las relaciones y la gobernanza implicadas; la multiplicidad de lugares; las prácticas; los procesos civilizatorios, que incluyen las interacciones con el otro y la alteridad; y la globalización (Darbellay y Stock, 2012, p. 445).

 

 

También se puede resaltar cómo el turismo ha sido considerado como una relación. Hay diversas formas de verla. Fúster (1973), por ejemplo, indica que los turistas y sus viajes conforman las relaciones que se asocian con el turismo. Ramírez (2006, p. 7), incluye al turismo, como parte del tiempo libre, un reflejo del “afán de satisfacer sus necesidades de integración con el universo; Urry (1990) explica que la actividad turística es una visión definida por los turistas; MacCannell (2001), una relación simbólica.


 

No obstante, estas visiones relacionistas del turismo tienen en cuenta al entorno solo como un escenario y no como un actor más con el que los otros se relacionan directamente. Serres (2004) considera a la Tierra un sujeto de derecho y Rozo (2001, p.

126) como a un ser viviente autónomo al que se debía respetar. Y, si la Tierra pasa a tener una relación de igual a igual con lo humanos (o en todo caso estos la consideran como un sujeto que puede sufrir las consecuencias de cualquier acto), la dinámica de esta se transforma radicalmente por un cambio de consciencia.

 

 

 

4.         Conclusiones.

 

 

 

El turismo es legado de la modernidad y como tal, no escapa a la visión reduccionista, homogeneizadora, aritmomórfica, mecanicista y cosificadora de la vida, la cultura, la sociedad y la naturaleza, que también caracteriza a los modelos de desarrollo. Sin embargo, el turismo tampoco está exento de migrar hacia la posmodernidad.

 

 

Es evidente, que el turismo está implicado en otros procesos sociales y no se le pueden establecer límites claros, ni explicar de una forma sencilla y lineal, como se pretendía en los sistemas propios de la modernidad. La complejidad implica la incompletitud  como  una  de  sus  características  (Morin,  1998),  por  lo  que  puede afirmarse que a pesar de los avances, aún es posible profundizar más en ellos.

 

 

Esto lleva a pensar que, si el turismo es un fenómeno complejo, no es posible lograr un inventario o un diagrama en el que se expliquen uno a uno todos los detalles y factores que lo influencian. Aún si se hiciera ese esfuerzo, siempre habría algún detalle que alejaría al sistema de la predictibilidad y lo llevará de nuevo al caos, por la dependencia sensitiva de las condiciones iniciales que se mencionó anteriormente.

 

 

Sin embargo, aceptar y tener en cuenta las limitaciones que implican las explicaciones de la actividad es un primer paso hacia el abandono de la modernidad, para darle espacio a la posmodernidad, en la que se comprende que el humano no puede


controlar ni gobernarlo todo. La relación de dependencia de los humanos con la naturaleza, con  todos los organismos y elementos abioticos que de ellán hacen parte, es un aspecto que se debe tener en cuenta en el entendimiento del turismo. Igualmente, se considera  la  superación  de  una  sola  explicación  válida  de  la  actividad,  paraconsiderar la pluralidad de explicaciones y de saberes involucrados.

 

 

 

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