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IMAGINARIOS SOCIALES E IDENTIDAD CAMPESINA EN VERJÓN BAJO Y REQUILINA, BOGOTÁ. REFLEXIONES INVESTIGATIVAS SOBRE TURISMO RURAL. Social imaginaries and territory in Verjón Bajo and Requilina, Bogotá. Research reflections on rural tourism.

Revista de Turismo, Patrimonio y Desarrollo

Confederación Panamericana de Escuelas de Hotelería, Gastronomía y Turismo (CONPEHT).

www.conpeht-turpade.com

ISSN: 2448-6809

Publicación semestral

Número: 10

Marzo 2019/ Septiembre 2019

Autores/Authors:

Leonardo Castellanos Ramírez

Correspondencia:

leonardo.castellanos@unitec.edu.co

 

IMAGINARIOS SOCIALES E IDENTIDAD CAMPESINA EN VERJÓN BAJO Y REQUILINA, BOGOTÁ. REFLEXIONES INVESTIGATIVAS SOBRE TURISMO RURAL.

Social imaginaries and territory in Verjón Bajo and Requilina, Bogotá. Research reflections on rural tourism.

LEONARDO CASTELLANOS RAMÍREZ

Corporación Universitaria Unitec

 

Resumen: Este documento presenta de manera reflexiva una aproximación a la construcción del imaginario social desde la apropiación social del territorio rural en disposición del turismo, generando un ensamble identitario con el espacio rural de la ciudad de Bogotá, fomentado así una mirada hacia los nuevos usos de la tierra desde las labores cotidianas agrícolas, el tránsito por los sectores rurales y la forma de diferenciar la ruralidad dada su variedad de ecosistemas.

Cada una de estas manifestaciones se adhiere a las experiencias vividas del campesinado en el entorno rural de la ciudad de Bogotá, específicamente en las dos localidades con mayor extensión de ruralidad: Usme, vereda Requilina y Chapinero, vereda Verjón Bajo. Desde la metodología propuesta por Silva (2004) hasta la construcción etnográfica de Guber (2001), se reflexiona sobre los aportes de una investigación terminada en el 2017 con unos resultados importantes y otra que inicia desde una situación coyuntural.

Palabras claves: Turismo rural, imaginarios sociales, Bogotá, campesinos, identidad

Abstract: This document presents a reflexive vision, an approach to the construction of the social imaginary from the social appropriation of rural territory in the disposition of tourism, generating a peasant identitary set with the rural space of the city of Bogotá, thus fostering a look towards new uses of the land of the daily agricultural tasks, the transit through the rural sectors and the way of differentiating rurality, given its variety of ecosystems.

Each of these manifestations adheres to the experiences lived in the rural field of the city of Bogotá, specifically in the two towns with the greatest extension of rurality: Usme, Requilina and Chapinero, Verjón Bajo. From the methodology proposed by Silva (2004) to the ethnographic construction of Guber (2001), we reflect on the contributions of a research completed in 2017 with some important results and another that starts from a conjunctural situation.

Key words: Rural tourism, social imaginaries, Bogotá, peasants, identity.

 

1. Territorio rural en Bogotá: sus veredas

 1.1 Verjón Bajo, localidad de Chapinero

 La localidad de Chapinero es una de las localidades con mayor antigüedad de la ciudad de Bogotá (Mena 2008), donde el uso del suelo ha sido la construcción de viviendas, proyectos empresariales y espacios culturales y de formación, tanto de educación básica, media vocacional como técnica, tecnológica y profesional. Pero a su vez se desconoce de una manera particular su gran cantidad de territorio campesino, donde el 43% de su extensión es rural (Mena, 2008), aclarando que este espacio rural se divide en dos, uno que hace parte del páramo de Cruz Verde o Verjón Alto y otro que es Verjón Bajo donde se ubica gran parte de la Reserva Protectora de Bosque Cerros Orientales (Wiesner, 2006).

 La problemática gira en torno al uso del suelo que le ha correspondido a la población campesina de este territorio, espacios que han limitado los procesos agrícolas y de producción pecuaria debido a la misma reserva protectora; esto se ajusta de manera clara en la labor del campesinado, generando procesos económicos alrededor de otras prácticas completamente distintas a la agricultura, huertas reducidas a espacios menores para auto consumo y venta de estos mismos a mercados campesinos y plazas de mercados en los que la mayor parte de productos comercializados vienen de la producción industrializada (Wiesner, 2006).

  La baja labor económica alrededor de la agricultura ha desplazado a la comunidad campesina a restablecer dichas prácticas en otros espacios rurales, municipios como Choachí, La Calera, Sopó y Tocancipá (Wiesner, 2006), estos municipios aledaños acogen la mano de obra campesina que viene de los verjones para las labores del campo, reduciendo las mismas prácticas casi en su totalidad en su propio espacio de vivienda.

  La vereda del Verjón Bajo ayuda a contrarrestar acciones que promuevan la deforestación de los bosques nativos y ecosistemas de reserva forestal, debido a que cada una de las funciones campesinas acentúa las responsabilidades de la zona rural: ser un espacio de amortiguamiento para el ecosistema de páramo y soportar la presión que genera la expansión urbana.

 1.2 Requilina, localidad Usme

 Usme viene del vocablo Chibcha Usminia, cacica muisca del territorio; municipio que en 1650 fuera fundado con el nombre de San Pedro de Usme para ser el centro agrícola de la ciudad, distribuyendo alimentos a los pobladores bogotanos. En 1911, San Pedro de Usme pasa a ser llamado Usme y se convierte en municipio caracterizado por conflictos entre los colonizadores, arrendatarios y aparceros debido a la posesión de las tierras del sector, “aunque estos no alcanzaron el carácter de sangrientos, tuvieron violentas formas de presión contra los arrendatarios quienes se negaban a cumplir sus obligaciones con la Hacienda” (CCB, 1999: 9).

  Esta situación cambia en la década de los cincuenta al momento de la parcelación de la tierra destinada a la producción agrícola para hacer tránsito a la producción de materiales de construcción por medio de la minería artesanal. En 1954, por medio de ordenanza de la asamblea de Cundinamarca, deja de ser municipio y empieza a ser parte de Bogotá como distrito especial (CCB, 1999).

  Las diecisiete veredas que hacen parte de la localidad dan garantía de la producción agropecuaria de la ciudad, con un enfoque de producción más agrícola que ganadera, por lo que la cultura campesina se encuentra marcada por el territorio, empezando por su gran extensión en comparación a otras localidades, siendo esta la segunda con mayor territorio rural de Bogotá, más de 21.000 hectáreas en comparación con la localidad de Sumapaz que tiene 78.000 hectáreas aproximadamente (SDP, 2011).

  Los campesinos y campesinas de la vereda La Requilina de la localidad quinta de Usme, son personas que por medio de acciones colectivas lograron detener la compra de terrenos para la construcción de viviendas de interés social, frenando la continuación de la Avenida Usminia que conectaba gran parte de la zona urbana de Usme al sector rural, con una salida alterna a los llanos orientales del país, con la consecuencia de  estimular la construcción de más viviendas en el sector rural de la localidad, sobrecargando esta zona de franja e instando mucha más demanda de servicios públicos.

  Esta localidad está relacionada con la extracción minera, de donde se obtiene material para construcción, además de la problemática ambiental que trae consigo la minería también por la construcción de viviendas ilegales y de invasión, ha generado mayor demanda de servicios de salud y educación que no han sido tema fácil para los gobiernos de turno, pero sí aportando a la gran segregación social y problemáticas de pobreza, consumo y desempleo que allí se congregan (Guzmán, 2006).

 2. Turismo rural en la ciudad de Bogotá

  La creciente demanda de productos turísticos alrededor de la ruralidad bogotana, transfiere de manera directa los beneficios a los grupos campesinos que permanecen en sus lugares de vivienda. Esto conlleva al desaprovechamiento de los recursos y potencialidades que tienen los campesinos de la vereda Verjón Bajo, donde reducen de manera sustancial la producción agrícola por minúscula que sea en éste territorio, siendo trasladado a los municipios que necesitan de esta mano de obra inutilizada en el propio entorno, reduciendo así la apropiación del territorio rural bogotano y diluyendo críticamente la identidad campesina a apariciones esporádicas de quienes aún laboran la tierra en esta vereda.

  El turismo ha surgido como una herramienta para proteger los territorios sensibles de las actividades urbanas (Castaño, 2005), para mitigar las acciones del crecimiento acelerado de las ciudades (Echeverría, 2001) y para reconocer las labores sociales, económicas, culturales y ambientales de los campesinos en las grandes urbes. Para ello es necesario manifestar la importancia de mantener las prácticas agrícolas de manera sustentable, visibilizando la labor campesina a la seguridad alimentaria, a los procesos de resignificación identitaria y a las manifestaciones culturales que se mantienen en el tiempo.

3. Identidad campesina

  El rescate y mantenimiento de la identidad campesina otorga al territorio rural una capacidad única de actuación (Llambí y Pérez, 2007), aprovechando sus recursos ecológicos, sociales, culturales, multidimensionales (Nogué, 2012), garantizando un proceso social que madura en su desarrollo territorial y que genera mayor productividad, facilitando la creación de formas alternativas para la obtención de recursos económicos y otorgando a su vez mayor apropiación por el espacio rural, siendo reconocido como un territorio importante para la conservación de la identidad local y la creación de herramientas para la conservación de las zonas de reserva forestal.

  Las reflexiones alrededor de las manifestaciones culturales, los procesos sociales y las dinámicas de desarrollo local, junto a los análisis de resignificación simbólica, identidad cultural y apropiación del territorio, han establecido parámetros que ante la academia y el profesional del turismo aportan a identificar los imaginarios sociales que surgen de reconocerse a sí mismos y que se atienden a procesos simbólicos interpretativos (Hiernaux, 2006).

  Es importante reconocer estos procesos históricos interpretativos que se manifiestan en las sociedades modernas y que ayudan a entender desde una base académica y conceptual, las prácticas relacionadas con el territorio, la identidad y el turismo como herramienta clave para la visualización del espacio rural.

  Los aportes conceptuales y teóricos que nacen del trabajo comunitario deconstruyen los fenómenos científicos establecidos por un pensamiento cartesiano, occidental, cuantitativo, para restablecer dichas funciones de la sociedad, donde se registra la creación de conocimientos en los espacios de interlocución cotidiana del ciudadano del común, de las sociedades participes (Jara, 2012).

  4. Imaginarios sociales

  El nuevo paradigma que se viene desarrollando en el campo de las ciencias sociales ha permitido ampliar el espectro de las investigaciones cualitativas, donde los imaginarios sociales apuntan a resolver construcciones epistemológicas y teóricas (Hiernaux y Lindón, 2002), siendo de carácter prioritario en una disciplina que se abre paso por las distintas áreas de las ciencias humanas: el turismo, un fenómeno social de los viajes (Ascanio, 2007).

  La metodología etnográfica ajusta lineamientos para reconocer las labores cotidianas de las comunidades campesinas del Verjón, permitiendo al investigador acceder a información que solamente resulta de la interacción directa con la población objeto de estudio, otorgando el papel importante de sociedad constructora de conocimientos a través de los actos cotidianos (Jara, 2011).

  Evidenciar los procesos de los campesinos y campesinas del Verjón Bajo, corrobora la intención misma de profundizar aún más en las investigaciones de carácter social desde la identidad campesina como un factor que trasciende un campo meramente social y se articula directamente con el uso del territorio. Esto ayuda a manifestar la importancia de conservar espacios territoriales que dinamizan la cultura del habitante rural; el suelo rural como un espacio que provee de alimento a los habitantes urbanos y que custodia ecosistemas frágiles de reserva.

 5. Metodología de investigación: etnografía e imaginarios urbanos

  Desde lo que Guber (2001) propone como momentos dentro de la investigación etnográfica, al dar respuesta a tres interrogantes primordiales de la investigación, se distinguen los resultados que de la investigación en la vereda la Requilina asume momentos históricos y representativos de la comunidad, asociados a cada uno de los momentos coyunturales que permitieron consolidar una práctica turística para la defensa del territorio.

  Una vez comprendidas cada una de las fases del ejercicio académico, para Verjón Bajo se busca dar respuestas a estos mismos interrogantes: qué sucedió o qué ha pasado para empezar a pensar en una dinámica social llamada turismo; cómo ocurrió y cómo actualmente las comunidades se ajustan a los cambios que trae consigo nuevas dinámicas socioeconómicas y por último, el porqué de las cosas. Tres momentos fundamentales dentro de la investigación que aportan desde la integridad de la participación en los momentos de ajustes territoriales por parte del gobierno distrital y de los cambios sociales que aqueja a la comunidad.

 Ahora, los imaginarios sociales como fundamento de la construcción social del territorio desde la identidad, la perspectiva de construcción del tejido social y los instantes de vida de los campesinos y campesinas del Verjón Bajo, serán distribuidos en “estudiar las representaciones colectivas en su lenguaje y sus imágenes” (Silva, 2004: 25), esperando arrojar luces sobre lo que se logra con la comunidad de Usme reflejada en una realidad semejante: defender el territorio.

 6.Reflexiones

Se parte de un ejercicio de investigación que entrega resultados en el mes de noviembre del año 2017 y que propone dar continuidad al proceso de la identificación de la construcción social del territorio desde los imaginarios sociales y la identidad campesina, en un campo de estudio que permita reconocer los valores simbólicos como apuesta para el turismo rural, dinámica alternativa de empleo, desarrollo social y uso de espacios de reserva y conservación de la biodiversidad.

  Las representaciones simbólicas fueron manifestadas en los espacios de participación que se obtuvieron con la comunidad campesina de la Requilina, reconociendo que sí existen marcas territoriales y espacios de convergencia campesina, donde el territorio se configura en una trama de escenarios sociales donde la identidad se refleja en cada uno de sus actos como cultivar, cantar la música tradicional o simplemente transitar los caminos abiertos entre finca y finca. Reconocer que el campesinado se aloja en sus formas de vestir asociadas al clima, en las prácticas colectivas de pensarse la vereda y en los medios que tiene la tierra para comunicarse con ellas mismas, como lo es el cementerio muisca: la voz de la madre tierra que pide a gritos que sea protegida (Salazar, 2017).

  Estas características que fundamentan cada una de las construcciones simbólicas que se condensan en el instrumento de imaginarios urbanos adaptado a la zona rural, permite entender que la prueba debe ser aplicada a otros escenarios con problemáticas territoriales para ver el florecimiento de la cultura, apropiación e identidad campesina. El Verjón Bajo, como espacio rural con problemáticas asociadas al uso del suelo, al Plan de Manejo de los Cerros Orientales y la Zona de Reserva Forestal adquiere una importancia en realizar estudios sobre turismo rural desde la perspectiva misma de sus habitantes, desde una ruralidad llena de atavíos que no garantizan las prácticas económicas del campesinado y donde la falta de herramientas para la construcción territorial está llena de nubarrones.

 La importancia de los estudios sociales alrededor del turismo como fenómeno posmoderno (Uriely, 1997), la identidad campesina y la construcción del territorio desde los imaginarios sociales, reconociendo la creación simbólica que delimita el entorno rural, generan espacios de reconstrucción identitaria que dinamizan las funciones del sujeto que habita la ruralidad bogotana y que deconstruye las prácticas ancladas a lo rural.

  La agricultura y el trabajo campesino aporta a la construcción del tejido social, rescatando herramientas sociales que facilitan la interpretación e incorporación de los valores en sociedades urbanas.

  Y, el turismo rural construirá espacios de conservación de la identidad social, la cultura campesina, las prácticas ancestrales de las labores del campo, el uso de conocimientos tradicionales y antiguos a la dinámica moderna de la economía local, y la preservación de ecosistemas que proveen a la ciudad de servicios de soporte y aprovisionamiento.

  Cabe resaltar que ambos casos, la vereda Verjón Bajo y la vereda Requilina han presentado problemáticas territoriales que han establecido rescatar de forma evidente la riqueza cultural, social, ambiental que posee cada uno de estos territorios, buscando la manera de hacer uso de estos valores sociales para ponerlos a disposición del turismo, vitrina demostrativa de la riqueza cultura, todo con el fin de proteger la ruralidad (Castellanos, 2017), sus prácticas  artesanales de trabajar la tierra y su propia identidad presente en cada forma de trabajo, para restablecer el tejido social, reconstruir las prácticas agrícolas bajo los pilares de la sostenibilidad, resignificar la identidad campesina y reconocer la importancia de la ruralidad en una ciudad en constante expansión y crecimiento desproporcionado.

  7. Referencias Bibliográficas

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 CASTELLANOS LEONARDO (2017) El agroturismo como herramienta para la protección de la ruralidad bogotana. TURPADE. Revista de Turismo, Patrimonio y Desarrollo. Confederación Panamericana de Escuelas de Hotelería, Gastronomía y Turismo. Año 4, No 7, octubre 2017 – febrero 2018.

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MENA URSULA (2008) Localidad de Chapinero, Ficha Básica. Secretaria Distrital de Cultura, Recreación y Deportes. Observatorio de Culturas.

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